EL VIEJO MALECÓN

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EL VIEJO MALECÓN

Cada tarde se sentaba en una de las bancas del malecón viejo para ver cómo se ponía el sol.

 

En verano, la luminosidad del día iba dando paso a rojos y naranjas hasta que la oscuridad lo invadía todo y se encendían las luces de la ciudad, que como puntos brillantes, parecían estrellas.

 

En el invierno hacía cada tarde lo mismo, aunque la neblina difuminara al sol y se confundiera con el mar antes de que la oscuridad viniera; a veces, veía encenderse las luces, pero durante la temporada de llovizna y neblinas, generalmente las adivinaba.

 

Le gustaba comprobar que el día tiene fin y sabía que él también lo tendría: le gustaba pensarse como la luz del día.

 

Imagen: http://www.bcsnoticias.mx

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