NO ERAN LAS PILAS

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HOMBRE DESENCHUFADO

No tenía ganas de trabajar ni de hacer nada; usaba un saco que le quedaba grande y nunca se quitaba en público; ya no se afeitaba hacía días y cuando se echaba en la cama no podía dormir ni ponerse de espaldas.

 

Decían que “se le habían acabado las pilas” pero nadie sabía su secreto, que sí tenía que ver con la electricidad, que hacía dos semanas no podía pagar.

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