Por Manuel Echegaray Relatos/Cuentos Sin categoría

INSOMNIO

INSOMNIO

Por más que diera vuelta tratando de acomodarse, no podía dormir: estaba en una cama extraña, en una habitación extraña, en una posada extraña y en una ciudad que a diferencia de su Székesfehérvár  natal, le era extraña; además, tenía el miedo que lo invadía siempre en circunstancias parecidas.

 

El no poder dormir hizo que se levantara para ir hacia la ventana y abrir uno de los postigos de madera y mirar hacia lo oscuro de la calle empedrada, que a esa hora estaba silenciosa: el pueblo era una especie de cementerio; para él, hasta entonces, no había sucedido nada especial, pero –decían- era por el oscurecimiento nocturno que los protegía de ojos indiscretos y bocas ávidas.

 

En la mañana cumpliría la misión que lo trajo hasta este lugar y esperaba que terminado todo y ya de vuelta a casa, pudiera dormir a pierna suelta por muchas horas.

 

Lo que no se imaginaba es que la espada que descansaba envainada sobre una silla, el puñal que tenía bajo la almohada y el arco corto que esperaba apoyado en una pared junto a la aljaba cargada de dardos con las puntas cuidadosamente untadas en un veneno muy potente no le servirían de nada frente al fuego que decían despedía el animal al que debería combatir y matar.

 

György iba morir abrasado por el aliento del dragón, pero como no lo sabía, lo único que quería –y no podía- era dormir.

 

 

Imagen: estáticos.elperiodico.com

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