LATA DE GALLETAS

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LATA DE GALLETAS

Acceder a la lata de galletas era visto como un premio que los abuelos retaceaban haciéndola más importante, casi un símbolo que se ganaba por algo que era mucho más que solo portarse bien.

 

El asunto es que no se sabía exactamente a cambio de qué se merecía el premio, pero al abrirse se sentía un aroma a vainilla que era irresistible para el olfato de los chicos e invitaba a coger varias, pero los abuelos solamente dejaban coger una galleta por cabeza y cerraban la caja de lata que guardaba hermético su tesoro galletífero.

 

Así, con el tiempo, la antigua lata de galletas pasó a formar parte de una tradición familiar y cada vez que alguien acertaba o hacía algo bueno, le decían “te mereces una galleta” aunque no se la dieran; una tarde el abuelo se fue como se suelen ir todos los que son muy mayores y en el silencio del comedor, la lata de galletas, que anunciaba vainillas quedó sobre el aparador de madera que encerraba los platos, las tazas,  los vasos y uno que otro frasquito vacío, de vidrio, bien lavado, que la abuela había guardado “por si acaso”.

 

Al abrirse la lata, dejó salir el dulce olor de la vainilla mostrando una galleta rota y sola en el fondo: sola, como la abuela ahora.

 

 

 

Imagen: librosycuriosidades.com.ar

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