CAFÉ

No hay comentarios

taza

El resultado era siempre el mismo: su padre le esperaba despierto sin importar la hora de llegada; muchas fueron las veces que entró a la casa y en la oscuridad de la sala, su padre, totalmente vestido, estaba sentado en un sillón, con una taza de café ya vacía en la mesita central que tenía las fotografías de él, chico, en la playa; la de su padre y la de quien fuera su madre, una de cada uno y otra con los dos juntos.

 

Le preguntaba cómo le había ido,  ofrecía un café que él declinaba, su padre iba a la cocina y lavaba la taza, luego, silenciosamente se iba cada uno a su cuarto; al comienzo era el viernes y el sábado y perdido el trabajo empezó a ocurrir cualquiera de los demás días de la semana: llegaba de madrugada y los ritos de la espera y del café se cumplían.

 

Una noche al llegar, vio que su padre se había quedado dormido en el sillón; como pudo, sacó una frazada de su cama y lo tapó para que no se fuera a resfriar: no se dio cuenta que el café, en la mesa de centro, estaba sin tomar.

 

 

Imagen: http://www.imagui.com

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s